Francesca Woodman

La historia de la norteamericana Francesca Woodman se reduce a un intervalo de tan sólo 23 años, desde el día en que nació hasta su precaria muerte. En esos 23 años, su producción artística –que empezó cuando apenas tenía 13– quedó vertida entre fotografías y poemas, siendo sus fotografías las que marcaron significativamente una huella más profunda. Pocos autores han tratado como ella el tema de la disolución del sujeto. La cámara era esa mirada objetiva que permitía analizar su yo y disolverlo elevándolo a una atmósfera misteriosa y profunda. Woodman experimentaba con su existencia, la mayoría de sus modelos eran ella misma: cuerpos desnudos a medio descubrir y encerrados en vitrinas, paredes desnudas, composiciones oblicuas, movimientos en tensión, sangre, ruinas, sombras, rostros borrosos y la muerte siempre presente. Cuando se suicidó –1981– atravesaba una profunda depresión. Desafortunadamente, sus obras no gozaban de la repercusión que ella merecía. Escribió una pequeña nota antes de morir –saltó desde la ventana de su apartamento en Nueva York– que contenía las siguientes palabras:

“Mi vida en este punto es como un sedimento muy viejo en una taza de café y preferiría morir joven dejando varias realizaciones… en vez de ir borrando atropelladamente todas estas cosas delicadas”

Comentarios a “Francesca Woodman”

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